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El perdón como herramienta terapéutica

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De acuerdo con mi experiencia personal y profesional, considero que el “perdón” es uno de los procesos más complicados para los seres humanos. 

Me parece que es una palabra cargada con mucha idealización, que normalmente está asociada a una virtud de unos pocos. 

Sin embargo, si entendemos bien qué es y qué implica perdonar, estoy convencido que es una herramienta terapéutica muy valiosa para liberarse de sentimientos tan dañinos como el resentimiento y desengancharse del pasado. 

El perdón suele analizarse desde la lupa de lo “moral”, pero también se puede abordar desde la perspectiva racional y psicológica.

¿Por qué nos cuesta trabajo perdonar?

Cuando alguien nos hace daño, nuestra mente está programada de manera natural para defenderse de dicha agresión; es una reacción lógica y evolutiva, que trata de impedir que el daño continúe. 

No obstante, esto puede traer dificultades cuando la persona se aferra a la venganza.

Cuando alguien te hace daño, especialmente alguien que es muy importante en tu vida, se abre una herida emocional, que toma tiempo para sanar.

El problema es cuando esa herida se llena de resentimiento, que es como un veneno que le impide cerrarse por completo. 

Cada vez que piensas en la venganza, la herida se vuelve a abrir y la mente puede llegar a vivirlo tan intensamente como si se repitiera la experiencia de cuando te lastimaron.

Es normal que el dolor siga ahí por un tiempo, pero desprenderse del deseo de venganza, es una decisión personal.

En concreto, podríamos entender el perdón como la elección de liberarse de los pensamientos y conductas destructivas hacia la persona que nos hizo daño.

Debemos aprender a perdonar.

Cabe aclarar que perdonar no significa que dejes de tomar medidas para protegerte, o simplemente que olvides lo que ocurrió, ya que estas no son medidas psicológicamente saludables.

Perdonar tampoco implica necesariamente “indultar” (que el ofensor no asuma las consecuencias de sus actos), parte del proceso puede implicar la implementación de la justicia. 

Lo importante es renunciar a la búsqueda del desahogo emocional a través de la violencia física o verbal.

No es algo que se haga en un único momento, muchas veces es un proceso que lleva tiempo y para lograrlo, es muy importante hacer primero un análisis y reconocimiento de la ofensa recibida, tratando de entender por qué la persona actuó de esa forma.Claro, tratar de entenderlo no significa justificarlo.

Este reconocimiento también debe ir ligado a la aceptación de las emociones que genera el daño o la ofensa, que por lo general implica el sufrimiento y el enojo. 

Vivir las emociones es parte del proceso de sanación, sin dejarse llevar por ellas en una búsqueda de venganza. 

Aunado a esto, vale la pena meditar estrategias para protegerse, pues no deja de ser importante que defiendas tus derechos.

Cuando el ofensor se muestra arrepentido, es posible establecer acuerdos al respecto para que no vuelva a ocurrir la situación. No obstante, aún si la persona no está arrepentida o no “merece” ser perdonada, vale la pena intentarlo, pues el último paso es precisamente tomar la decisión de perdonar. 

Hay que recordar que el principal beneficio es para uno mismo, pues el perdonar es terapéutico para alcanzar la paz emocional. En conclusión, perdonar no es un signo de debilidad o el permitir que los demás te hagan daño, sino que es una decisión y un compromiso personal para tu bienestar.

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